La sala de juntas de Winchester, ubicada en el último piso del inmenso rascacielos de cristal, amaneció sumida en una tensión que se podía cortar con un cuchillo. La mesa ovalada de caoba estaba rodeada por los accionistas mayoritarios y los miembros del consejo directivo. En la cabecera, Marcos Winchester mantenía un semblante sombrío y colérico.
A su derecha, Julián estaba de pie, con una sonrisa arrogante, ajustándose los puños de su traje a medida. Detrás de él, sentada en una de las sillas