El trayecto de regreso al hospital le sirvió a Ian para enfriar la sangre, aunque el fuego de la guerra ya estaba encendido en su interior. Cuando cruzó de nuevo las puertas de la zona privada de urgencias, Christopher le dedicó un asentimiento firme, confirmando que el perímetro estaba asegurado y que nadie había intentado acercarse a la habitación.
Al entrar, encontró a Annie despierta, recostada contra las almohadas, con la mirada perdida en la ventana. Al escuchar sus pasos, ella giró el ro