Ni Selina ni Ares se movieron, no retrocedieron, y casi que ni respiraron, cuando la luna en el reflejo del agua se distorsionó y en el siguiente instante, una luz descendió.
No fue un destello o un brillo suave como en las veces anteriores, fue una columna de luz pura que cayó directamente sobre ellos, aislándolos, separándolos del mundo.
De pronto, el viento regresó de golpe con violencia, girando alrededor del lago, las hojas se levantaron y el agua se agitó.
Todos se sorprendieron.
Pero