El aire fuera de aquel escenario era distinto, la brisa del bosque soplaba más fría, más real.
Lyra no se detuvo hasta que los murmullos quedaron atrás, hasta que las voces de los alfas dejaron de perseguirla como un eco incómodo en la cabeza.
Ella caminó más rápido de lo que pretendía, como si su cuerpo estuviera huyendo antes de que su mente pudiera alcanzarlo.
Y como siempre, el bosque la recibió sin juicio, sin miradas, sin expectativas, solo paz, solo calma, solo el suave ruido de los