El campo de batalla seguía vibrando con los gritos y alaridos de la violencia.
El barro estaba oscuro por la sangre, las ramas rotas cubrían el suelo y el olor metálico impregnaba el aire húmedo del bosque.
Los gruñidos y jadeos de los lobos se mezclaban con el sonido de las raíces moviéndose y saliendo bajo la tierra, obedeciendo la voluntad de Lyra.
Pero algo había cambiado, Selina lo notó primero, como en la lucha pasada, los grupos de cachorros seguían llegando, uno tras otro.
Sin emba