El bosque estaba teñido de rojo.
La tierra mezclada con barro y sangre fresca, crujía bajo las patas de los lobos.
Cada rugido, cada mordida y cada golpe se sentía como un golpe directo al corazón de quienes presenciaban la batalla.
Ares avanzaba como un huracán, Roth flanqueaba con precisión letal, y Leo, aunque herido en el hombro, luchaba contra varios enemigos al mismo tiempo.
Nada parecía detenerlos, hasta que los cachorros enviados por Eros irrumpieron en la batalla.
Selina fue la p