Hacía frío, la niebla se colaba entre los árboles al tiempo que el sol apenas comenzaba a asomar sus rayos entre las ramas del bosque.
Lyra estaba asustada, algo misterioso y que en otra época hubiera considerado imposible, había despertado dentro de ella y era obvio que ella no sabía cómo controlarlo.
Así que solo le quedaba confiar en Mara.
Durante varias horas, la abuela Mara había puesto a Lyra a meditar, a guiar sus pensamientos, a controlar su respiración.
Está vez, la anciana no pens