La carpa improvisada estaba vacía, Ares lo supo desde antes de entrar, el olor de Selina seguía ahí, pero débil, las mantas estaban intactas, el lecho frío.
El corazón de Ares golpeó fuerte, demasiado fuerte, él no pensó en lógica, no razonó en probabilidades, no evaluó, solo salió corriendo, desesperado, pensando en pérdida.
El campamento aún no despertaba, el bosque aún estaba oscuro y respiraba lento, el aire se sentía húmedo.
— Selina… — Murmuró Ares al tiempo que corría, más para sí, q