Capítulo 36 — El orden decide.

El dolor no fue lo primero que despertó a Ares, fue el silencio.

Un silencio que para él era antinatural, sin el sonido del bosque, sin el sonido del viento, sin los aullidos, un silencio que no pertenecía a sus noches ni a sus amaneceres.

Ares abrió los ojos con dificultad, la piedra húmeda sobre la que descansaba su espalda, estaba fría, tan fría que le calaba hasta los huesos.

El aire olía a moho, sangre vieja y la liga del platino con mercurio, ese olor era lo peor, esa liga no solo que
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