Todos en el claro permanecieron inmóviles, hubo un momento de silencio absoluto, como si incluso el bosque que los rodeaban contuviera el aliento tras las palabras de Eros.
— ¿El causante de la profecía…? — Se escuchó un susurro perplejo entre la manada.
Todos se miraron entre sí, incrédulos, aquella frase flotaba en el aire llenando a los presentes de dudas.
Ares no se movió, su cuerpo permaneció erguido, con los pies firmes sobre la tierra húmeda, el mentón alto y los hombros rectos.
No