El bosque rodeaba a Selina, pero no era el mismo bosque que ella veía cada día desde la ventana de la cabaña.
Aquí los árboles parecían más antiguos y altos, con sus troncos retorcidos y las raíces expuestas como venas oscuras sobre la tierra, mientras que el aire olía a humo o a algo viejo.
— Selina… — Alguien la llamó.
La voz era como un susurro, pero no venía de un solo lugar, sino que la rodeaba, Selina se giró sobre sí misma, con el corazón acelerado, buscando a quien la llamaba, hasta