Era el tercer día del viaje, el bosque había quedado atrás para dar paso a un valle amplio donde el sol llegaba sin obstáculos y el camino era más fácil bajo las ruedas de las camionetas.
Kael seguía con el grupo, nadie lo había invitado a quedarse más allá del primer día, pero nadie lo había invitado a irse tampoco, y él simplemente continuó.
Roth lo había notado, pero aunque en un principio había catalogado a Kael como irrelevante por ser un lobo del norte que iba de paso, sin conexiones con