Esta reunión no era como su primera presentación frente a los alfas, en un gran anfiteatro con bancas de piedra, ni guardias de manadas distintas, ni el peso de aquel primer encuentro.
Esta reunión era más pequeña, más íntima y precisamente por eso, era más peligrosa.
Cuatro alfas de las manadas de la montaña del este, reunidos en la sala principal de la cabaña más grande, en medio, una mesa larga, sillas de madera a los costados y antorchas en las paredes.
Todo sin ceremonias y sin títulos an