— Disculpe, primero tengo que llamar a recursos humanos… — La recepcionista intentó esconder su expresión de sorpresa y desagrado, al tiempo que se volteaba para tomar la bocina del teléfono.
— Está bien.
La recepcionista llamó y al cabo de unos minutos, apareció taconeando una mujer elegante y hermosa, quien miró a Megan de arriba para abajo con una expresión llena de rabia.
— ¿Tú eres? — Preguntó la mujer, sin presentarse, revisando el interior de una carpeta que llevaba en la mano.
— Yo…