El primer día siempre pesa más de lo que uno admite, no por la carga de trabajo sino por la densidad de todo lo que podria salir mal. Me detuve frente al edificio de Vilmort Enterprises y el cristal reflejó a una mujer que no reconocí de inmediato; espalda recta, menton en alto pero con las manos apretando el asa del bolso hasta que los nudillos se tornaron blancos.
Ayer este lugar era una posibilidad, hoy gracias a Dios era mi realidad.
—Bueno, allá vamos —susurré antes de cruzar el umbral.
El