La decisión duró menos de un segundo. Yago giró el volante con violencia hacia la izquierda. Los neumáticos del Interceptor V8 mordieron el asfalto y el auto salió disparado hacia la desviación que llevaba a la zona urbana, lejos del puerto, lejos del deber y directo hacia la tentación.
Eligió a Belém. Eligió el alivio sucio, la sumisión garantizada, el lugar donde podía romper cosas y personas sin que nadie le pidiera explicaciones. Su cuerpo tensó cada músculo, anticipando lo que haría al lle