Alina se detuvo frente a la fachada de cristal ahumado de la boutique más exclusiva de Santa Fe. A pesar de que el centro comercial parecía operar con su flujo habitual de personas, ese local en particular era una isla de silencio y exclusividad. Las cortinas de terciopelo negro estaban echadas, cubriendo los escaparates para evitar las miradas curiosas de los transeúntes comunes. Un guardia de seguridad privado, ajeno a la plantilla del centro comercial, custodiaba la entrada con una postura r