Las puertas del elevador se cerraron suavemente detrás de ellos, sellando el mundo exterior y abriendo las puertas a la privacidad absoluta del penthouse. Nant, de la mano de Yago, dio unos pasos hacia el interior, sus ojos explorando el vasto espacio que se extendía ante ella. La Suite Presidencial era, en efecto, inmensamente espaciosa, con techos altos que daban una sensación de amplitud y libertad. La luz tenue y cálida, estratégicamente colocada, realzaba la sofisticación de los muebles de