La sala de juntas de Valeriano Logistics nunca se había sentido tan pequeña para Mateo. Sentado en una esquina, con su cuaderno de analista y su bastón apoyado en la silla, tenía que soportar la humillación de ser un espectador en su propio reino.
Pero lo que realmente le estaba haciendo hervir la sangre no era su puesto... era el hombre sentado a la derecha de Elena.
—Entonces, Elena, si unimos mi flota aérea con tu red de distribución terrestre, dominaremos todo el Mediterráneo en menos de se