El blindado rugía por la autovía, esquivando a duras penas el fuego cruzado de los todoterrenos que los perseguían. Dentro, el ambiente había cambiado. Ya no era una huida por dinero; era una huida de la propia identidad.
Elena sostenía el pendrive como si fuera una serpiente viva. Los archivos que desplegaba la pantalla de su laptop mostraban una red de datos biométricos, niveles de cortisol y perfiles de personalidad que encajaban perfectamente con su propia vida.
—No puede ser —susurró Elena