77. MI MEJOR REGALO ERES TÚ
NARRADORA
William comenzó a comprarle todo tipo de cosas dulces que la tenían chasqueando los labios y salivando con las delicias.
Las pupilas afiladas del macho se fijaron en esos labios regordetes, brillando en azúcar, aguantando las ganas de chupárselos y lamerlos.
Nana era una mezcla de inocente seducción.
Ella misma no se daba cuenta de lo que encendía en su interior con cada gesto.
De repente se dio cuenta de que la atención de Nana se quedó fija en unos collares de piedras brillantes.
—D