76. UNA ESPÍA INFILTRADA
NARRADORA
—No te obligaré a nada que no quieras, no te voy a tocar, es solo conocernos y hablar, Nana, te lo juro por mi vida, jamás te haría daño.
William le dijo mirando su nuca, donde la cicatriz de unas fauces aún no se habían borrado por completo.
Era brutal, se notaba que se había hecho salvajemente y de repente sintió tanto odio por el hombre que la había dañado de esa manera.
Entendió por qué ella lo rechazaba.
Nana no respondió, solo echó a andar con la cabeza baja y las manos sujetas