71. CAYENDO EN LA FASCINACIÓN
LAVINIA
Mis ojos asombrados, las manos aún estiradas, mis cabellos moviéndose con el viento que pasaba a toda prisa, silbando en mis oídos.
Él me miraba desde arriba y se iba perdiendo de mi vista nublada.
—¡Laziel, maldit4 sea! ¡Deja de jugar y baja tu trasero ahora mismo! —el susto fue sustituido por el enojo, el miedo a caer mezclado con la ira.
Una risa juguetona se escuchó en el vacío. Fuertes brazos me atraparon y sentí el aleteo de alas.
Fui sostenida contra su duro pecho vibrante, estab