349. EN LA BOCA DEL LOBO
THERON
Su cuerpo se contorsionaba bajo mis músculos y tuve que mover el morro hacia atrás para no llevarme una buena mordida de esas fauces feroces.
“¡YA CONTRÓLATE DE UNA VEZ, JODER!”
Mi rugido la hizo quedarse rígida.
A través de la marca temporal sabía muy bien que podía escucharme aunque no fuese de mi raza.
Sus pupilas erráticas se quedaron mirando a las mías lobunas.
“Te voy a soltar y vamos a hablar, pero si intentas escaparte de nuevo… que sepas que mi paciencia tiene un límite.”