348. UNA MATE A LA FUGA
THERON
Lamí la marca temporal de su nuca, sintiendo sus ronroneos mientras bebía de mi sangre.
No parecía hacerle daño y, más bien, esos sonidos eróticos que escapaban de sus succiones me decían que le encantaba mi esencia.
Rodeé un poco de lado, llevándola entre mis brazos y acomodándonos.
Besé su cuello y olfateé su cabello húmedo.
Me sentía demasiado bien para describirlo, pero deseaba más.
Nuestro vínculo no era permanente, ella no pertenecía a mi raza y su espíritu animal no poseía tanta c