327. MIS TRES MARIDOS
NARRADORA
Aidan hundió los dedos callosos en su cabello suave, tan negro contra la piel de porcelana.
Luchaba por no empujar hacia arriba y meterle el pene hasta lo profundo de la apretada garganta.
—Ah, joder, nena… qué bien has aprendido a mamármela… —jadeó, embistiendo un poco.
Nyx le pajeaba la base y tomaba el resto; era demasiado grande para ella, pero le encantaba volverlo loco y escucharlo gemir su nombre con tanta necesidad.
Los ojos lobunos de Aidan vieron sus piernas abiertas y el tr