283. SIEMPRE HE CUIDADO TUS PASOS
NARRADORA
—¡No, claro que no! —Laziel exclamó, saliéndose de la imagen imperturbable que siempre mostraba.
—. Sabía que podías controlarlo, mi amor, jamás estuviste en peligro, Lavinia…
—Claro, porque me pusiste la prueba, pero igual vigilabas a ver si metía la pata… ¿Confiabas o no confiabas en mí?… ¡Y no me toques!
Palmeó su mano cuando la estiró para acariciar su rostro.
Lavinia vio por primera vez una grieta en la perfección de su macho mientras él retiraba la mano lentamente.
Algo que