255. ¿ME ELIGES A MÍ O A ELLOS?
VICTORIA
—¡CELIA! —el rugido de su padre se escuchó, junto con el de su madre, que estaba segura los atrajo por este camino.
¿No querían ver como la atacaba? Pues concedido.
En lo que se demoraron en llegar al rellano, me aseguré de que el cuerpo moribundo de Celia cayera en el hall.
Antes de desangrarse, una sombra veloz flotó metiéndose dentro de ella y sosteniendo el último hilo de su vida.
—¡TÚ, MALDITA VAMPIRA! ¿¡QUÉ LE HICISTE A MI HIJA!?
La Sra. Aghata se me avanzó como una loca y mi man