230. NECESITO DE TU SANGRE
DRACO
Mis manos relajadas en los costados de la tina, como quien había terminado el asunto.
Las piernas abiertas y actitud de haberme satisfecho.
—Bueno… me voy entonces… —volvió a decir, dándome una mirada penetrante, pero ni me inmuté.
—Bien —le respondí bajo, y casi se me cae la máscara de seriedad al ver el mohín en su boca.
Claro que no deseaba irse y, por supuesto, yo no la dejaría marcharse sin satisfacerla.
Se levantó bufando y la visión de su cuerpo desnudo, chorreando agua, ya me esta