231. AÚN ESTOY VIVO
DRACO
Sus caninos crecieron, mordisqueando mis labios de manera ansiosa.
Sus uñas buscaban mi cuello para clavarse y abrir la herida.
Estaba dispuesto a intentarlo, maldita sea, no podía dejar que esos recuerdos me siguieran controlando.
Deseaba tanto alimentarla. Le daría cada cosa que necesitaba, solo yo…
—Hazlo… hazlo, Vicky… —me detuve un poco y la tomé de la nuca, pegando nuestras frentes.
—Toma de mi vena…
—No, no, no lo necesito —comenzó a negar, tensa, intentando ocultar su sed.
—¡Hazlo