226. GRAY
LUCRECIA
Le decía todo lo que odiaba escuchar, lo que lo hacía sentir más vulnerable, rencoroso, porque así me lo hacía más y más rudo.
El cosquilleo delicioso arrasando mi vagina mientras esos ojos dorados me devoraban con rencor, pero el odio también es pasión y nunca nadie me ha tomado con tanta vehemencia en mi vida.
— ¡Gray córrete dentro de tu ama, córrete mi peliblanco, ahhh, Gray, oh sí cariño!, ¡Graaaay!
Estaba en el límite, solo unos cuantos empujones más, solo un poco más, pero