225. MI ESCLAVO FAVORITO
SILAS
Cuando todos dormían, en las penumbras, comencé a escuchar gemidos bajos.
Me acerqué a la puerta de su cuarto, en el área de servicio.
Odié que mi señora no la mandase a la barraca, ¿por qué tenía que darle un trato preferencial?
Ahora entendía por qué, ella era inteligente, tenía sus propios planes.
“Mmmm, su señoría es tan hermosa…”
“Me encanta mi señora… mmm, señoría, quiero tocarla…” se escuchaban susurros femeninos indecentes.
Rechiné los dientes y di un puñetazo contra la pared,