224. NADIE TOCA LO QUE ES MÍO
VICTORIA
Cuando salí de la habitación, me estaba esperando recostado a la pared.
—Estoy lista… señor —le dije entre dientes.
—Vamos, entonces —respondió, y sin darme tiempo a nada, su mano enorme se encerró en la mía.
Mi corazón traicionero dio un vuelco.
Admito que no esperaba que me llevara a su lado.
Esto era impropio por todos lados, más para el amo de estas tierras.
Cuando bajamos hasta la entrada, el posadero nos estaba esperando y sus ojos descendieron a nuestras manos entrelazadas.
Per