225. ME TIENES LOCO
VICTORIA
Me quedé en el umbral de la puerta, protegida bajo la carpa, mientras lo veía arrastrar brutalmente a ese hombre.
Su rugido activó todo el campamento en un segundo.
Su aura de lycan se expandió, acojonando a los lobos guerreros.
No había duda de quién era el jefe.
—¡Sé que muchos tienen preguntas sobre la hembra que me acompaña, no tengo los oídos pintados en la cabeza!
Me asomé para verlo subirse sobre una mesa de madera que traqueó como si llorara con su peso.
Las miradas abajo, sin