222. UN TRATO BAJO AMENAZA
NARRADORA
Rousse miraba embelesado a la pequeña mujer entre sus brazos.
Aún no se creía que Meridiana lo hubiese aceptado como amante.
Acariciaba su mejilla con suavidad.
Aspiraba su aroma delicioso que le llenaba el alma.
Deseaba quedarse para siempre metido en esa burbuja rosada, pero pronto supo que era el momento de enfrentar la vida real.
Su oído sensible escuchó los pasos de botas subiendo por las escaleras hasta el segundo piso.
La cadencia, la fortaleza de las pisadas, el ímpetu en el a