219. SUPLÍCAMELO CON TU BOCA
SIGRID
Bajé al fin el camisón que cayó al suelo y caminé desnuda hacia el baño, donde sabía que ni todo el hielo del mundo podría apagar este incendio.
¿Dónde está Silas?
Subí la torneada pierna a través del borde grueso de madera y me sumergí en una tina redonda de agua congelada, los trozos de hielo flotaban en la superficie.
—Mmm — gemí aliviando un poco mis sofocos.
“¿Será que fui demasiado dura con él? ¿Estará herido? ¿Me tendrá resentimientos y odio?”
“Mejor que odie a Electra, mejor as