210. LA ESCLAVA REBELDE
VICTORIA
Estaba tan enojada y confundida.
No se movió, ni dijo palabra, oculto en el otro extremo del callejón, en la oscuridad casi impenetrable.
Pero sus ojos intensos, de ese avellana que brillaba en un hermoso ámbar, lo delataban.
Y el latido firme de su corazón, que se iba acelerando como si estuviese nervioso.
Puras patrañas. No me dejaré convencer más por las señales estúpidas que creo captar de este lobo.
—Estoy harta de tu rollito de tipo duro. Vete a la mierda si no me quieres hablar…