209. LA CENA FAMILIAR
SIGRID
—¡Electra! —escuché el molesto chillido de Drusilla a mi espalda cuando ya había entrado a los dominios de la bruja mayor.
Con cara de fastidio, me giré para enfrentarla.
Venía ataviada con un hermoso vestido burdeos, el cabello recogido con una larga trenza que ondeaba a su espalda.
—Creí que llegaba tarde y Morgana me regañaría, pero si su favorita aún anda por aquí, entonces estoy salvada —resopló y enseguida un hombre a su espalda le secó la frente con un pañuelo blanco bordado.
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