208. NO QUIERO AFERRARME A TÍ
SIGRID
¡Qué rayos estaba sucediendo!
¡Estaba dormida, no muerta!
A pesar del agotamiento de este cuerpo, podía sentirlo todo, cada caricia, sus labios fríos besando mi piel afiebrada, su cuerpo vibrando pegado al mío.
¡¿Qué me estaba haciendo Silas?!
Diosa, lucho por despertar y no puedo, o más bien… no quiero.
Sus dedos, ¡oh por todos los cielos, qué placer!
Quiero gritar que me chupe más fuerte los senos, que me los apriete más.
Me está llevando a la locura.
Escucho su respir