206. JUGANDO A LO PROHIBIDO
SIGRID
Fui levantada repentinamente, me agarré de su cuello, mis pies suspendidos en el aire.
Caminaba hacia la cama donde me dejó con suavidad.
—Gracias, ¿estás bien? —por un segundo perdí todo el norte de mi actuación y solo fui yo misma, al menos una vez.
—Sí, mi señora, gracias a su sanación estoy mucho mejor, ¿le duele? — su rostro cerca del mío, mi piel afiebrada volvía a arder, el deseo revolviéndose en mi vientre y nublando mis sentidos.
—Estoy bien, Silas, solo fue algo extraño, d