205. RESONANCIA DE ALMAS
SIGRID
—Sí, pero no… no era necesario desnudarse por completo —intenté recuperar la seguridad que no sentía.
—Tengo heridas en todo el cuerpo, mi señora —respondió muy normal.
Subí mi mirada para fijarme en la suya.
Como siempre, ese ojo dorado no dejaba de observar cada uno de mis movimientos; algunos podían verlo hasta espeluznante.
En realidad, a mí me parecía como un cachorrito abandonado.
—Bien, pero si te sientes incómodo, puedes cubrirte tus… tus partes —caminé hacia él, mirando su