202. UNA DULCE HECHICERA EN EL BOSQUE
NARRADORA
Rousse decidió acercarse, parecía que sufría.
Sacó su daga de la bota, tan gruesa que parecía una pequeña espada.
Le daría un fin piadoso.
Sin embargo, cuando el animal escuchó el crujir de las piedras bajo sus pisadas, se giró alerta.
Diosa, el frente era peor.
Los ojos sin párpados, el hocico como mordido en trozos que ya no estaban.
Le mostraba los colmillos, amenazante, hostil.
—Tranquilo, solo quiero ayudarte, ¿entiendes?
Rousse le dijo con su voz ronca.
Sabía muy bien que no ent