200. ATRAPADA EN MI PROPIO JUEGO
VICTORIA
Arrastré mi voz hechizante.
Diosa bendita, ¿qué estaba haciendo?
—¿Se le para así con todas las de mi especie? —mi mano fue atrás y la pasé descaradamente por el bulto en su entrepierna.
Manoseándolo arriba y abajo.
Disfruté del olor delicioso de sus feromonas, de su falo caliente palpitando bajo mis dedos, volviéndose más duro con mis caricias.
Fui a abrir la boca para continuar provocándolo, pero el Lord no pudo soportar más mis burlas.
Me giró frente a su pecho y me cargó bruscament