199. YO ODIO TU RAZA
VICTORIA
Solo pasaron unos segundos y parecieron horas, hasta que soltó.
Lo peor es que fue a limpiarse la mano en el pantalón de cuero, como si me tuviese asco.
—Sé que no eres de mi feudo. No te confundas, solo te dejo vivir para no buscar guerra con otros territorios.
Me dio esa excusa de m****a que ni él se creía.
—Como ya es obvio que te soltaste las manos, cúrate tú misma las heridas —agregó caminando hacia una mesa y me tiró un tarrito con ungüento.
Estaba tan cabreada.
¿Cómo se at