198. ÉL ES MI ENEMIGO
VICTORIA
¡Diosa, cuánta fuerza!
El desgraciado frente a mí se congeló.
Yo creo que hasta su cosita se meó del miedo.
Con un rugido bestial fue agarrado del cuello y subido por los aires, separándolo de mí.
A través de la luz que entraba por las telas abiertas, vi toda la escena salvaje.
Ni siquiera se había convertido por completo en su lycan, pero el Alfa le hundió las fauces a medio formar en la garganta, arrancándole la tráquea.
El aullido se quedó ahogado en el pecho del teniente.
Los rugi