197. ¡¿CÓMO TE ATREVES A TOCARLA?!
VICTORIA
Al fin mi pierna fue liberada.
Antes de que se retirara ese lobo por completo, levanté el otro botín y se lo encajé en un ojo.
—Eso por la mordidita…
Le escupí venenosa, escuchando su aullido de dolor.
Me miró rabioso por el ojo sano, pero respetó las órdenes.
Entre otros dos me levantaron por los hombros, con fuerza, tomándome prisionera.
Esa mole rubia se acercó a mí, dándome una mirada de arriba a abajo.
No le rehuí, no le tenía miedo.
Esperaba el veredicto, pero lo llevaba bien cl