190. SALVANDO A UN DESCONOCIDO
SIGRID
—Sí, sí, lo sé, por la Diosa que frías eres. Pensé que por ser la menor serías más linda —murmura hablando atropelladamente—. Ya sé por qué eres la favorita de Morgana, si casi parece que te parió.
—¿Te pasarás la tarde hablando estupideces o ya te marchas de mi habitación?
—Me voy, me voy, uf, qué mal genio. Te debo una.
Sale al fin dejando una estela de ese empalagoso perfume que usa y su cabello negro largo ondeando en su espalda.
Es bella, como casi todos los seres sobrenatural