VICTORIA
Todos nos quedamos esperando a ver qué sucedía, el ceño de la anciana solo seguía fruncido y ahora movía los labios.
Lucien estaba agitándose a mi lado y su agarre en mi cintura parecía querer estrangularme.
—Ya suéltalo, Grecia, y di de una maldit4 vez que es lo que pasa con mi cachorro.
Ella por fin lo soltó y sus ojos se posaron en mí, una mirada intensa, curiosa, significativa.
Su mirada volvió a Lucien que de seguro estaba que saltaba sobre ella.
—Todo está bien con el