LUCIEN
Llegamos al pequeño aeropuerto de la manada original, bajo y ayudo a mi hermana a bajar los escalones.
Me niego a tocarla a ella, así que puede bajar por sí sola, pero, en cambio, veo como los demás parecen pelear por ofrecerle su mano.
Errick deja escapar un rugido furioso que se filtra a través de mí, deteniéndolos en el acto.
Ella me mira por un instante con una mirada de total desprecio y solo ahí dibujo una sonrisa.
Eso sí, es perfecto, que nos odie y sienta repugnancia,