Capítulo 39
Para mayor sorpresa del anciano Long, los hombres no se movieron.

—¿Qué están esperando? ¿Acaso están sordos, o muertos? —gritó él, golpeando su bastón contra el suelo.

Pero los guardias se mantuvieron inmóviles.

Agatha cruzó los brazos y soltó una risa fría y burlona mientras avanzaba, con sus tacones golpeando amenazadoramente el suelo pulido.

—Realmente no lo entiendes, ¿verdad? —dijo, con un tono calmado pero que destilaba veneno—Te has aferrado a tu antigua autoridad como un viejo p
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